¡Hola mundo!
15 octubre, 2013
Mosaico: Recién casados
21 octubre, 2013

Bohol (Filipinas)

Bohol, Filipinas.

¡Bienvenidos de nuevo!

Como ya comenté en mi primera entrada, este será un blog donde mostraré mi cara profesional, pero también la personal. Dicho de otra manera y resumiendo: Aquí veréis de todo.

Una espina que tengo clavada de mi anterior andadura por WordPress es no haber tenido continuidad en mi blog de viajes y experiencias en el extranjero, algo que pretendo subsanar aquí aunque sea contando mis vivencias a posteriori. La razón del abandono es simple: Mi jornada laboral era de ocho horas, y el resto tenía que aprovechar al máximo para descubrir todo lo que pudiera de esa fabulosa tierra.

Como muchos sabéis, tuve la enorme suerte de trabajar durante siete meses en Filipinas gracias a una beca. En ese tiempo conocí a gente increíble y a un país hermoso como pocos. Y para muestra de ello, esta foto:

Bohol, Filipinas.

Bohol, Filipinas.

Situada en el centro del país, la isla de Bohol colinda al oeste con Cebú, y al sur con la región de Mindanao. Los idiomas más usados en esa región son el cebuano (como todo idioma filipino, tiene algunas palabras parecidas al español) y el inglés. Es uno de los destinos turísticos obligados del país, ya que, además de increíbles playas de Panglao (las cuales no me dio tiempo de disfrutar), podemos encontrar las Colinas de Chocolate (Chocolate Hills) y el Templo de los Tarsier.

Bohol

Pero, para mi, lo increíble de mi experiencia en Bohol fue el trayecto. Por aquel entonces residía en Makati, cerca de la bahía de Manila, en Luzón, por lo que era necesario coger un avión de una isla a otra. El problema era que no nos quedaban días de “vacaciones”, por lo que tuvimos que hacerlo todo en el fin de semana. El avión salió en la noche del viernes al sábado, ya entrada la madrugada y con retraso (como dice el lema: “It’s more fun in the Philippines“) destino Cebú, y de allí cogimos un taxi hasta el puerto, donde tuvimos que esperar al primer ferry de la mañana destino Bohol. Visto así asusta, pero el transporte en Filipinas es relativamente asequible si esquivas turistadas y filipinadas, de las cuales hablaré largo y tendido en este blog.

Como por ejemplo, lo que nos pasó nada más llegar a la isla de Bohol. Los filipinos suelen ser tipos entrañables, serviciales y siempre sonrientes, pero de vez en cuando son implacables con los turistas y el dinero, ya que piensan que un blanco puede comprarlo todo. Nos asaltó un corrillo de taxistas (y no exagero, se formó un círculo alrededor de filipinos saludando y ofreciendo sus coches) con precios un tanto desorbitados. Tuvimos que quitárnoslos de encima uno a uno, comentando que habíamos pactado una cantidad con el hotel donde íbamos, y que no bajaríamos de ese precio. Al final, uno de ellos (que tenía un tricycle en lugar de un taxi y no sé ni siquiera qué hacía allí) tenía un amigo que nos podía llevar al precio que buscábamos, y nos llevó a donde estaba. Se nos descompuso el cuerpo cuando vimos que íbamos a viajar en un coche particular y no en un taxi, pero con el cansancio que teníamos y lo hartos que estábamos decidimos aceptar. Por suerte, nos llevó sin problemas a donde nos hospedaríamos: Nuts Huts.

El valle donde se situaban las habitaciones de Nuts Huts

El valle donde se situaban las habitaciones de Nuts Huts

Situado en la ladera de un valle, es probablemente el lugar con más encanto en el que me he hospedado. Para ir de la carretera principal a la recepción/zona común había que bajar por un sendero de tierra y piedras, y de la recepción a las habitaciones (que resultaron ser cabañas a la orilla de un río) unas escaleras tan empinadas que, si nos hubiésemos quedado una semana allí, habríamos acabado con unas piernas que ríete de hacer pilates. Tras dejar las maletas (un esfuerzo considerable con tanta escalera) y desayunar (recordemos que habíamos estado toda la noche viajando), planeamos las visitas.

Fue entonces cuando el cielo se rompió y empezó a llover como si no hubiese un mañana. Es lo que tiene la época de lluvias en el Trópico, que hace un día espléndido pero en cinco minutos se nubla y cae lo más grande de agua. Y lo peor de todo es que no sabes si parará en cinco minutos, en diez, o se llevará tres días. Recordemos que era sábado por la mañana, y el lunes había que trabajar. Por suerte, Filipinas nos ha enseñado a base de palos que hay que tomarse las cosas con calma, walang problema, que ya se solucionará todo. Y eso hicimos. Dimos una vueltecita por el valle, descansamos del viaje en la zona común, me di mi primer y único masaje (mi masajista eructaba de vez en cuando para liberar mis males en la espalda = filipinada), conocimos a los que se hospedaban allí (entre ellos una pareja de españoles que estaba haciendo un tour por Asia y a unos balcánicos que escuchaban flamenco), y pasamos una noche memorable rodeados de gente de todo el mundo.

Al día siguiente el tiempo nos respetó, por lo que tuvimos que recuperar el tiempo perdido viéndolo todo en tiempo récord. Y así fue: A base de autobuses locales que circulaban a 100 por hora en una carretera que en España consideraríamos como comarcal, nos tiramos en tirolina, vimos las Chocolate Hills y descubrimos el Templo de los Tarsier.

Mi cara de velocidad lo dice todo. Para el vértigo que tengo, fue una experiencia genial.

Mi cara de velocidad lo dice todo. Incluso teniendo vértigo a la más mínima, fue una experiencia genial.

Las Chocolate Hills se componen de un millar de conos de piedra caliza en forma de colinas, recubiertas de hierba verde que se vuelve marrón durante la estación seca (de ahí lo de chocolate). No sé si decir que fue una lástima que fuésemos durante la época de lluvias, porque el paisaje me pareció igual de bonito, o más.

Sabor menta.

Ahora, con sabor menta.

La última parada antes de volver a casa fue el Templo de los Tarsier. Los tarsier, o tarseros, o tarsios, son una especie de primates diminutos, con unos ojos enormes y pies alargados. Mucha gente los considera animales de mal agüero e incluso hay leyendas que los califican como diabólicos, pero a mi me resultaron de lo más entrañables. ¿¡Cómo no me iba a resultar entrañable un monito tan pequeño como una mano humana, que se quedaba dormido agarrada a una rama!?

¡Qué mono más mono!

¡Qué mono más mono!

Pero lo mejor no fue nada de eso, ya que el viaje de vuelta se llevó la palma. Al ser domingo, los autobuses urbanos estaban repletos, y cuando digo repletos, me refiero a esto:

¿Aforo completo?

¿Aforo completo?

Al final, como no teníamos dinero suficiente como para pagar por un vehículo particular y se nos echaba el tiempo encima, nos empeñamos en subirnos a uno de ellos. Situaciones desesperadas, medidas desesperadas: Dos horas de viaje en la baca de un autobús, rodeados de equipaje, de filipinos que nos miraban incrédulos, y de una pareja japonesa que hizo el mismo recorrido que nosotros desde Nuts Huts. Lo cierto es que pasamos un viaje entretenido, incluyendo a los baches que hicieron poco cómodos nuestros “asientos”, o que tuviésemos que agacharnos cada dos por tres para no electrocutarnos con cables caídos o que no nos volaran la cabeza algunas ramas. Después de la paliza en bus, el camino inverso no tuvo mucha más historia: De nuevo el ferry de Bohol a Cebú, taxi del puerto al aeropuerto, avión hasta Manila, taxi de Manila a Makati… y a dormir dos horas antes de ir a trabajar. Lo normal si querías hacer algo de turismo allí.

Aunque nuestras caras expresan la felicidad de viajar así, al final acabamos agarrados y doloridos.

Aunque nuestras caras expresan la felicidad de viajar así, al final acabamos agarrados a la baca y bien doloridos.

En definitiva, un viaje que nunca olvidaré, por la experiencia vivida y por los paisajes espectaculares que vimos. Espero volver algún día con más tiempo.

Esta entrada va dedicada a los boholanos que han sufrido el terrible terremoto de esta semana.

MABUHAY FILIPINAS!!!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *