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Taipei (Taiwán)

Mercadillo. El olor del puesto de detrás mía aun sigue presente en mi nariz. Qué asquito...

A estas alturas del año pasado ya había empezado mi aventura al otro lado del mundo. Y aunque intento no sacar el tema para que la gente no me odie por repetitivo, lo cierto es que con muy poco me viene a la mente todo lo que viví allí. Y no es para menos: Nunca salí de casa más de un fin de semana ni me fui de Erasmus hasta entonces, por lo que podría considerarse como mi gran y única aventura.

Fin de semana en Taipei.

Además de viajes por Filipinas, aprovechando los puentes hice un par de viajes a otros países. El primero de ellos fue Taiwán, un país anteriormente conocido como Formosa (del portugués Ilha Formosa, isla hermosa) y que vive una situación política bastante curiosa: El régimen chino se ha mantenido en la isla, aunque en la práctica es un estado independiente reconocido como República de China o Taiwán. Aunque parezca lo mismo, ¡no lo es! No confundamos República de China (Taiwán) con República Popular China (China).

Elegimos este país porque estaba, literalmente, al lado: Al norte de la isla de Taiwán se encuentra el mar de la China Oriental y al sur Filipinas, mientras que la costa oriental de la isla está bañada por el océano Pacífico y el archipiélago de islas Ryūkyū de Japón. ¿Os situáis?

Localización de Taiwán en el mapamundi

Sin embargo, al disponer de tan poco tiempo, sólo pudimos conocer su capital, Taipei. Situada en el norte de la isla, la ciudad de las azaleas es el centro político, económico y cultural del país. Además es sede de varias universidades, el Museo Nacional del Palacio y otras instituciones culturales como la Academia Sínica o Taipei 101, el cuarto edificio más alto del mundo (el cual se veía desde cualquier punto de la ciudad, por lo que era buena referencia para situarse).

Taipei 101, visto desde el Templo/Memorial Dr. Sun.

Lo que más me gustó de la ciudad es que su progreso no está reñido al respeto por lo cultural. Posee un metro sobresaliente que conecta con cualquier parte de la ciudad sin problemas, así como rascacielos y avenidas impresionantes en las cuales vas andando y, de repente, te encuentras con un templo budista o un memorial a una celebridad del pasado. En uno de esos templos hicimos una ruta donde, dependiendo del resultado de una serie de rituales y tus propias ambiciones, un monje era capaz de precedir tu futuro. No os voy a aburrir con el proceso, pero a mi me resultó bastante espiritual e incluso divertido a veces. Es obvio que uno ve lo que quiere ver, y la verdad es que en su día la predicción me pareció improbable… Pero hoy puedo decir que tenía razón. Maldito Año de la Serpiente

Mi futuro, delante de mis ojos.

Por la noche íbamos a mercadillos enormes donde algunos puestos de comida olían un tanto raro, y en otros había una especie de pollo sazonado y picante que estaba buenísimo. Además de comida, si regateabas hasta la saciedad, podías conseguir ropa a buen precio. Yo pude conseguir una camisa, una corbata, y merchandising de One Piece a precio casi simbólico, aunque también es verdad que le eché bastante paciencia porque son unos regateadores muy duros.

Mercadillo. El olor del puesto de detrás mía aun sigue presente en mi nariz. Qué asquito...

Mercadillo. El olor del puesto de detrás mía aun sigue presente en mi nariz. Qué asquito…

En resumen, esa fue mi experiencia en Taipei: Una ciudad en constante progreso y un metro de otro mundo, pero cuyo respeto a lo tradicional permite que también te sientas en el Asia profunda que tanto ansiamos.

Espero que os haya gustado mi visión de este viaje. Si es así, haré más crónicas de más cosillas interesantes que tuve el privilegio de ver. ¡Hasta la próxima!

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