Avatar: Volviendo a los inicios
28 mayo, 2014
Solución: Adobe Illustrator (en español) no se inicia en equipos con Windows 8.1
11 junio, 2014

Internet no es una ONG, pero…

Te levantas un buen día, te tomas tu café previo a tu jornada habitual de trabajo, entras a la red social Tuibukgram (por poner algo) para empezar a gestionar el contenido entrante y saliente de la empresa que llevas y… Vuelven a cambiar el formato. La imagen de cabecera ya no se ve con la misma nitidez, los contenidos están desordenados, y la mitad de las herramientas de medición de resultados ahora son de pago. Pero lo peor viene al paso de los días, cuando te empiezas a percatar de la escasa influencia que está obteniendo tu contenido (la palabreja tan de moda: Alcance de las publicaciones). Te preocupas, comienzas a investigar, y llegas a la conclusión de que se está empezando a premiar el contenido promocionado (en otras palabras, pagado) y que, a coste cero, nunca vas a llegar a todos tus seguidores.

El primer paso es la negación. “No puede ser”, piensas. Es imposible que todo el trabajo realizado durante semanas, meses o años no sirva para nada si no tienes un presupuesto dedicado a las redes sociales. No tiene ningún sentido, seguramente no sea más que algo transitorio, o estoy haciendo algo mal.

El segundo paso es la ira. “Vaya panda de peseteros indeseables”, le gritas a la pantalla mientras te acuerdas hasta de la tercera generación anterior del actual Zuckemberg y compañía. Ojalá se les quiebre el negocio, sus acciones caigan en bolsa, y aparezca una red social nueva, fresca, joven, que les arrebate todo el poder actual que tienen. Vendidos, eso es lo que sois. Mamarrachos. Corruptos. Frikis.

El tercer paso es la negociación. “Bueno, a ver si se puede hacer algo al respecto”, escribes a tus superiores. Pero sabes que tienes las de perder: ¿Quién, fuera de este negocio, se va a tomar en serio que haya que pagar por “jugar” en las redes sociales? Sólo te queda negociar contigo mismo, sobre los pros y los contras de seguir con la táctica habitual o pasar a otra cosa, a ver si nos podemos reinventar una vez más para volver a tener presencia.

El cuarto paso es la depresión. “Yo no puedo más, lo dejo”, dices mientras apagas el ordenador y vas a tomar el aire. Es imposible estar al día en un mundo tan cambiante, un mundo en el que después de dedicarle muchas horas de trabajo y esfuerzo todo cambia, se pone del revés, y se premia cada vez más la cartera que al ingenio. Yo me vuelvo limpiador de teclados. O monje, fuera de estas cosas del demonio. Me involucro demasiado y cuando consigo resultados, todo se va al garete.

Hasta que te entra la epifanía y llegas al quinto y último paso, el de la aceptación. “Internet no es una ONG”, te das cuenta mientras el sentido de la empatía va generando un sentimiento mitad envidia, mitad admiración. Estas potencias tan grandes y tan gratuitas en Internet son empresas en Bolsa en el mundo real, empresas donde sus accionistas demandan resultados. Quieren vender que el SEM está ganando al SEO en Google para premiar el contenido por encima del engaño al robot de búsqueda, pero realmente lo que necesitan es generar ingresos con el pago por clic. Facebook nos dice que el cambio de las páginas es para proteger los datos de sus usuarios y que la relevancia está para evitar spam de las empresas, pero la verdad es que necesitan que las empresas se anuncien para abastecerse. Y así con todo. Nadie da un duro por cuatro pesetas. Como bien dice la canción, el dinero es lo que mueve el mundo…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *